Uno
busca la felicidad fuera de uno mismo:
En las cosas, en la gente, en el
dinero, en tantas y tantas cosas que están fuera de uno.
Inclusive
uno llega a decir “que no sería feliz sino las tuviera a tales cosas
o no tuviera a tal persona”
y uno se vuelve dependiente de todo y menos de sí mismo.
Pero llega el día que uno emprende esa búsqueda interna.
Corta con todo lo que no desea, todo lo que le
hace daño
y tan solo quiere estar solo, independiente , consigo
mismo,
libre de todas las ataduras que el ser humano se impone.
Y al
sentirse libre de todas estas ataduras y estar solo con uno mismo,
uno
descubre una sensación de alegría interior que no se puede explicar,
y
se da cuenta que lo que tanto buscaba no estaba afuera,
sino dentro de uno mismo,
porque es Dios quien habita dentro de uno.